Archivado en: General | Etiquetas: centro guerrero, expresionismo abstracto, jose guerrero

José Guerrero. Grey Sorcery (1962)
Al lado de su obra, la polémica y los titulares son un mero traspiés circunstancial. Porque la pintura de Guerrero reside en el cajón sagrado de los cuadros con mayúsculas, de la pintura plena, del universo inagotable del buen arte.
La pregunta es cuándo el expresionismo abstracto se rebela excelso. ¿Cuándo los azarosos brochazos infunden alma a la forma? ¿Cómo el acto involuntario otorga la vida?
La mejor forma de hallar una respuesta es posar la mirada en un cuadro de Guerrero. Bucear por el caos armónico de sus colores y recorrer el paisaje cromático ligero de equipaje.
La obra de José Guerrero es sin lugar a dudas un refugio de libertad donde saciar la sed de tranquilidad. La profundidad de sus obras es un locus amoenus en que olvidar y dormir de la insoportable presencia del yo.
Este jardín idílico es, sin embargo, profundamente moderno. Aún, todavía, por siempre, su poso estético irradia la transgresión de lo verdaderamente [y verdadero] original. Pasarán otras seis décadas y la belleza y furia de sus obras permanecerá intacta, como el escorzo de un caballo, pero, sobre todo, como refugio y cobijo de los hombres.
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