Archivado en: General | Etiquetas: hematoma subungueal, tumefacción del pulpejo
De inmediato comenzó a sangrar así que tuve que bajar corriendo a ponerme agua fría para frenar la hemorragia. Continuamos la sesión porque no está el devenir como para despreciar un segundo de pura vida. Pero al día siguiente aquello paracía una cebolla de las moradas.
Me senté en una mesa, cogí una aguja, la pasé por el mechero y yo mismo me la clave bajo la uña. Enseguida comenzó a emanar sangre. Volví a clavármela al lado y la sangre continuó saliendo. Era una sangre oscura y espesa, como si la hubiésemos reducido para convertirla en salsa.
Según el parte médico tengo un hematoma subungueal y tumefacción del pulpejo en el nombrado dedo. Yo acudí por temor a la infección porque no me había puesto yodo y el dedo estaba rojo e hinchado y la uña morada.
Fui al de urgencias a los dos días porque supuse que estaría más ducho en este tipo de lesiones. ¿No cree que esté infectado?, le pregunté. No te preocupes tiene muy buen aspecto, dijo. Es que no me lo desinfecté. Entonces se acercó al pulpejo para verlo más de cerca, y en menos de un segundo lo despreció como un César insistiendo en que tenía “muy buen aspecto”. Olé!
Es usted un médico optimista, le felicité.
Pasados los días el homogéneo tono violeta (ver foto) tornó hacia una variada gama de amarillos verdosos combinados con púrpuras y un sólido marrón oscuro. Y pocos días después aparecieron los primeros verdes puros y blancos desconcertantes.
La cosa era tan sumamente repugnante que incluso se ofrecieron a hacerme una funda de ganchillo para ocultar la putrefacción. Pero yo insistí en que era bueno que la herida se secase.
Después se formó un callo. Como si el propio cuerpo hubiese sellado el orificio ante el levantamiento de la uña. Cuento esto porque a los pocos días, bañándome en la playa, el callo se ablandó y se desprendió, de modo que como la uña ya se había separado de la carne era posible ver la zona cavernosa que quedaba entre ambas.
El espectáculo era asqueroso.
Comenzó entonces la fase en la que la uña empezó a retorcerse sobre sí misma. Aunque afortunadamente no había rastro de dolor.
Y ayer mismo, cuando cogía el cinturón de seguridad y tiraba de él para engancharlo la uña tropezó con el asiento y quedó completamente levantada. Ya después me la arranqué yo mismo. Y ahora la llevo en el bolsillo para enseñarsela a la gente.
3 comentarios hasta ahora
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No me digas que eso te ha pasado a ti, es verdad o te estas quedando? que cuentista, espero que solo lo estes contando, es un poquito asqueroso. Bueno cuidate y la proxima vez ya sabes lo que tienes que hacer, verdad?
Comentario por Carmen agosto 14, 2009 @ 11:52 pmYa tuviste…ganas de hacerte las fotos según iba avanzando la infección.
Comentario por Mª Angeles abril 22, 2010 @ 4:02 pmAl final me he reído con tu relato, pero me daba un poquito de asco, pero como te digo anteriormente, me he reido.
Saludos Mª Ángeles
Por favor, es horrible, es como si leyera a edgar allan poe en su relato el gato negro, no he podido seguir leyendo, ufffffffffff, deleitanos con otras cosas, hay millones de temas!
Comentario por ana julio 22, 2010 @ 11:37 pm