Camisa blanca de mi esperanza


lujo, calma y voluptuosidad
julio 27, 2010, 12:01 pm
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Henri Matisse. Le Bonheur de Vivre (1909)

Ojalá pudiese ver mis pies libres a través del agua cristalina. Sentir la brisa del mar mientras dibujo con tranquilidad un momento feliz de mi vida.

Ojalá pudiese sustituir el calor del asfalto por la arena enfriada a la sombra de los pinos. Cerrar los ojos para dormir plácidamente y jamás despertarme con el insufrible tono del teléfono.

Ojalá pudiese quemar toda mi ropa y andar desnudo por la orilla. Pensar en caminar hasta el otro lado y sentarme sobre el beso de las olas.

Miraría los naranjas del atardecer mientras sumerjo el cuerpo en el agua. Y buscaría tus ojos perdidos entre las líneas, protegidos por el toldo de tus pestañas.

Quisiera olvidar el ruido y el monóxido de carbono, las luces y las aceras, los rótulos, los semáforos, las cagadas de los perros. Recostarme sobre tu abdomen y dejar la mente en blanco, las puertas abiertas, los botones sueltos… olvidarlo todo.

Ojala fuese el cangrejo que se adentra en el agua y no la rata que dobla las esquinas. Quiero suspenderme bajo la superficie para que la ingravidez me sede, ver los rayos del sol iluminar el blanco suelo del cielo.

Si pudiese me abrazaría al pentagrama que vuela hasta la playa, para acariciar tu cuello con la melodía de un allegro… y desprenderme de tus manos para volver a saborear la sal mediterránea.

Ojalá te viese acercarte sobre la arena

Ojalá pudiera, ojala pudiera



Megalómanos
julio 23, 2010, 9:36 am
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Preparando el desfile imperial.

Hace tiempo tuve una rueda de prensa en el Ministerio de Fomento. La prensa local fuimos todos juntos en una furgoneta del Ayuntamiento, que fue tan amable de poner a nuestra diposición el vehículo y el conductor, el fotógrafo del gabinete.

El tipo casi nos estrella por el camino. Toda la A-2 a 150 km/h por el carril izquierdo con ocho personas a bordo.

Cuando llegamos al semáforo de avenida de América, allí donde nace o muere la Autopista de Barcelona, el atasco era de campeonato.

Muy lentamente, encerrados en el inmenso rebaño de coches, avanzamos hasta Maria de Molina. Poco a poco comenzamos a oir la sirena de un coche de policía. Yo iba en la parte trasera de la furgoneta y me volví para ver qué pasaba.

Pude ver que un coche camuflado, con luz encima, iba pidiendo paso al resto de los vehículos, que le iban dejado espacio poco a poco. “¡Un ministro!¡que viene un ministro”, dirían algunos. “¡El presidente!”, dirían otros. “¡Es el Rey”, dirían los más entusiastas.

—Creo que es el alcalde—dije en alto. El jefe de protocolo, que es respecto al alcalde lo que las asistentas respecto a sus folclóricas, lo negó categóricamente: “Imposible, creo que ya están allí y que iban a ir por la R-2″.

Como continuábamos parados y el coche ensirenado aún no había llegado, comenzaron las congeturas. “Además aquí no puede ir con la sirena puesta”, “el alcalde nunca lleva la sierena puesta en Madrid”, y demás mantras en favor del Rey del municipio.

La sirena continuó sonando y el coche fue acercándose paulatinamente hasta que nos llegó el turno de dejarle paso.

Efectivamente era el mismo modelo que empleaba el alcalde y todos giramos la cabeza para ver quién lo conducía. Eran los escoltas del alcalde, y detrás él, el alcalde.

Continuó calle abajo con la sirena puesta haciendo retirarse a los vehículos.

—Pues sí que era el alcalde al final— le dije al jefe de protocolo.
—Sí, sí, era él. Pues es raro porque bla bla bla…

LLegados al Ministerio de Fomento, levantadas las pertinentes grabadoras y hechas las rigurosas preguntas acabó la rueda.

Decidí volverme en tren porque no quería que volviesen a jugarse mi pellejo, y además prefería volver solo oyendo música.

¿Tú no vienes Edu?—me preguntó el conductor.

Le dije que no, que prefería volverme en tren porque quería escuchar música (oculté lo del pellejo). Y desde entonces no ha vuelto a hablarme.



Gazpachosis
julio 22, 2010, 12:36 pm
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Obsesión crónica por el gazpacho.

Confirmado, tengo gazpachosis. Ayer mismo me lo dijo el médico. Fue nada más entrar por la puerta.

—¿Toma usted mucho gazpacho?
—Sí—contesté.
—¿Siente usted una necesidad imperiosa de preparar gazpacho?
—A diario doctor.
—¿No puede evitar beberse un par de tazas inmediatamente después de prepararlo?
—A veces incluso tres doctor.
—¿Qué siente cuando el gazpacho le ha salido de forma excelente?—me preguntó interesado.
—Siento un bienestar muy grande. Un agradecimiento al mundo y a la existencia. En ocasiones también cojo un tomate y lo observo con admiración, como el que levanta un diamante de 100 kilates. Otras también me quedo obnubilado con la textura y el color de mi gazpacho y pienso en él como si fuese ambrosía.

En ese momento el doctor tiró el papel que estaba escribiendo al suelo y dijo:

—Tienes usted gazpachitis aguda, ¿lo sabía?
—No doctor, yo únicamente pensaba que tenía una obsesión crónica por el gazpacho.
—Así es, pero ha empeorado usted. Los síntomas son claros. Admiración y reverencia por el gazpacho; sobresaturación del mismo; preparación compulsiva e ingesta inmediata… se trata de una dependencia clara, una gazpachosis aguda…
—¿Podré curarme doctor?—le pregunté asustado.
—Lo siento—respondió—la gazpachosis no tiene cura.

Quedé un momento pensativo…

—¿Pero podré ponerme en tratamiento?—le dije esperanzado.
—Dígame, ¿ha cambiado usted últimamente su forma de hacer el gazpacho?—preguntó. No me oculte nada—dijo.
—Sí—le confesé—. Ahora, con el fin de que los innumerables sabores de mi gazpacho casen más, dejo macerar los ingredientes un rato en la nevera.
—¿Enfría agua también al unísono para que salga bien fresquito?—dijo tras levantar la mirada.
—Sí doctor. Eso es lo que hago. Macero y enfrío. Aunque ahora también estoy estableciendo escrupuloso orden de añadidura de los ingredientes, y lo que es peor, corto cada una de las verduras a un tamaño óptimo para que expulsen mejor todo su sabor.
—Lo que sospechaba. Es usted un obsesivo compulsivo del gazpacho, y llegados a este grado sólo puedo aconsejarle un tratamiento, aunque recuerde que no tiene cura.

Sabía que lo díría. Sabía que diría que nunca más iba a poder volver a tomar mi gazpacho, ni ningún otro. En restaurantes, bares, casas de amigos, en tetrabrik… en ninguna de sus exquisitas formas.

Permanecí callado y compungido esperando la sentencia.

—Lo único que puede hacer es intensificar las dosis. Beberlo en cantidades industriales y a todas horas. En el desayuno, en el aperitivo durante la comida y como postre. No lo deje de lado en las meriendas, y mucho menos en las cenas. Si por casualidad se despierta usted por la noche con sed, acuda raudo a la nevera a beberse al menos medio litro.

Tenga usted siempre preparados cuatro o cinco litros, y si por casualidad es invitado a alguna comida o cena asegurese de que allí donde va no faltarán un buen par de tazones de gazpacho—me espétó.

Me quedé estupefacto. Podía beber todo lo que quisiera, sin riesgo y temor a recaídas, saciarme, ¡bañarme en gazpacho! Con guarnición o sin guarnición. Fuerte o suave, sin pan, con pan, sin pimiento o con pimiento, con dos pepinos o con uno, con mucho ajo, más ajo, más ajo, más….

—¿No será eso perjudicial para mi obsesión crónica doctor?

Entonces abrió una pequeña nevera de debajo de la mesa. Sacó dos vasos vacios, una gran perola llena de gazpacho y los llenó con el divino caldo.

—En absoluto—dijo—yo también la sufro.



San Pietro
julio 20, 2010, 10:28 am
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Cúpula de San Pietro. Consagrada el 18 de noviembre de 1626

Hoy he soñado con San Pietro in Vaticano. Caminaba por los relucientes mármoles de su planta de cruz griega mientras observaba las gloriosas esculturas papales de Bernini hasta situarme bajo la inmensa cúpula de Miguel Ángel. Allí me tumbaba boca arriba y estiraba los brazos tratando de fundirme con la luz que penetraba por el tambor.

Instantes después me encontraba en el exterior acompañado de una chica y enfuruñado por no haber pasado a ver la Pietà.

Ahora despierto recuerdo cuando podía ver la asombrosa cúpula de San Pietro desde la ventana de mi habitación. Fue durante mis estudios en Roma, cuando alquilé una habitación compartida a pocos metros de la plaza vaticana.

Desde allí, cada mañana, a principios de octubre, abría la ventana para deleitarme con la soberana figura arquitectónica. Recuerdo que sus blancos travertinos emergían sobre el resto de los edificios enladrillados que la colindan. Su esfera teñía toda la línea de cielo de un aspecto celestial, como la misma residencia de los dioses. No era un aspecto, sin embargo, divino, sino más bien glorioso. Símbolo del progreso del hombre y su antropocentrismo cristiano.

Para ir a clase debía cruzar la plaza vaticana de Bernini, esa excelsa columnata sabiamente dispuesta para atraer a los fieles y vanagloriar la gracia de Dios y los papas.

A menudo decidía faltar a clase en favor de sentarme bajo alguna de sus columnas. ¿Para qué ir a ver en diapositivas lo que podía tocar con mis manos?

Desde allí analizaba cuidadosamente la fachada de la iglesia. La dibujaba torpemente para memorizar cada uno de sus elementos clásicos, sus proporciones armónicas, su rica monumentalidad.

En la plaza de San Pietro la luz está tamizada por Dios. No cae directamente sobre los cuerpos, sino que baña por igual a todos los seres sin provocar la proyección de sombras. Es una luz clara, azulada a ratos, otras anaranjada, que templa la temperatura y hace del lugar un espacio de paz, de reflexión, de bondad.

Todo es mesura en el exterior de San Pietro. El viandante cruza despacio y el turista baja la voz compungidos por la garndeza del sitio. Las palomas que pululan por ahí están dispuestas bajo el canon renacentista, nunca hay más de una cada dos metros cuadrados. No son ratas voladoras, son espíritus santos que se alimentan del brillo de la cúpula.

La primera vez que visité la Capilla Sixtina fui sin haber dormido. Como las colas eran largas lo mejor era ir a primera hora de la mañana. Hora que a los erasmus se nos solapaba con las últimas de la noche.

Cuando entré en la estancia me quedé perplejo y tuve que sentarme rápidamente. Aquel lugar era el más bello que mis ojos jamás hunbieran visto. Daba igual que decenas de turistas caminasen acucarachados de un lado a otro, la belleza de la sixitina resurgía impasible sobre ellos.

Ver por fin con mis propios ojos lo que tantas veces había examinado con devoción en los libros me produjo una inmensa satisfacción. Superó con creces mis expectativas y pude aprovechar gracias a mis pupilas dilatadas la grandeza de sus colores, la perfección de sus formas y la sublimidad del entorno.

Volví de nuevo pasadas un par de semanas, también sin dormir. Quería contemplarla de nuevo, escuchar la musicalidad de la pintura y fijar para siempre en mis retinas el azul del cielo del Juicio Final. Pero eso fue otra mañana que quizá haya que soñar otra noche.



calor
julio 19, 2010, 11:45 am
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lluvia

Hace mucho calor pero se empeñan en tener las ventanas cerradas. El aire acondicionado del trabajo funciona mal y hacen falta muchas horas para que la planta se refresque. Estamos a 34 Cº. Pienso en abrir la ventana.

El mismo sudor que me cae por la sien baña mis manos. Los antebrazos se me escurren de la mesa y las esponjas de los auriculares están ya empapadas. No puedo escuchar más música. Sólo oigo los ventiladores de los ordenadores.

No hay trabajo. Los gabinetes de prensa están de vacaciones, y quizá también los ladrones, los alcaldes, los conductores borrachos, los consejeros y sus coches blindados.

Nadie habla en facebook. Me pregunto si se habrán evaporado.

No duermo bien. Me despierto sediento de las pesadillas sobre un charco de sudor. Después, momentos previos al amanecer, cojo frío.

Si no duermo bien me levanto desmotivado y no me ducho. Hoy he puesto el primer pie en el suelo 25 minutos antes de entrar al trabajo. No he querido ducharme y lo estoy pagando.

Visto el polo que he recogido de la cuerda. Llevaba dos días tendido bajo el sol abrasador. Estaba acartonado pero ahora es ya pegajoso. Como todo mi cuerpo.

El aire del abanico es calido, de calefactor. Mejor no mover más aire caliente.

Quisiera estar en una playa desierta con los pies metidos en el agua cristalina, en silencio, relajado, ajeno al mundo. Leyendo un clásico, viajando a la belleza.

No tengo ganas de hablar, sólo irme a mi casa y ducharme. Lo único que he dicho en todo el día es —Estoy frito.

No quiero saber nada de nadie.



Protegido: cio
julio 15, 2010, 3:44 pm
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Fred Sandback
julio 14, 2010, 12:11 pm
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Untitled (Fourth of Ten Corner Constructions), 1983

Conocí la obra de Sandback hace años, cuando abracé el minimalismo y su ausencia de significado.

Descubrí la dificultad de lo insípido y el vacío. Y comprendí el estilo como una corriente radicalmente antiartística. El minimalismo, a pesar de ser esencialista por naturaleza, es amplio y difuso. Esculpe la rotundidad de Richard de Serra hasta la inmaterialidad de Dan Flavin.

El trabajo de Sandback se encuentra en la mediatriz de esta escala. Construye sus esculturas con hilos. Piezas grandes y geométricas pero leves e ingrávidas.

Sus rectas moldean el espacio, lo delimitan y esculpen, hebras que trazan arquitecturas frágiles en un ejercicio extremo de dificultad. Los hilos de Sandback son un verso con autoridad para consituir poema.
Una recta, gen del plano, que escapa de sí y vive con pleno derecho en el eje de las cartesianas espaciales.

Escribir un poema de un solo verso es ganar una partida de ajedrez de un solo movimiento. Sandback reside es este espacio privilegiado de genialidad desconcertante.

El artista nació en Nueva York en 1943 y estudió filosofía en Yale donde también cursó estudios de escultura. SAndback se suicidó el 23 de junio de 2003 en su estudio.



Gloria
julio 13, 2010, 8:41 pm
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Campeones del Mundo 2010

Cuando España ganó la Eurocopa dije que la victoria había hecho más por España que cien reformas juntas. También aposté a que si España ganaba el mundial, Ibarretxte, que por aquel entonces era el capitán Spok, y Carod Rovira, alias Rompetechos, saldrían a torear un ratonero en las Ventas.

Me equivocaba en los dos casos. España ha ganado el Mundial, pero el estatuto catalán está incendiando el país y ni Ibarretxe, Rovira y sus secuaces han dado muestra de españolización alguna. Todo lo contrario, se han superespañolizado aún más. Preocupante.

Ha servido el Mundial, no obstante, para que la historia saldase su deuda con nuestra selección. La victoria ha permitido olvidar los errores, dejar atrás las injusticias y despertarse del maleficio.

Ha sido un mes inolvidable en el que hemos sufrido, gritado, reído, saltado… y finalmente triunfado. Gracias a todos los futbolistas del equipo, que nos han dado no sólo una lección de fútbol, sino toda una clase de valiosa moral. Nos han enseñado a ser cautos tras la victoria y valientes tras el fracaso.

La selección nos han mostrado la valía del trabajo en equipo, de la horizontalidad. Su deportividad ha levantado millones de sombreros y nos ha llenado de orgullo.

Muchos dudarán de la utilidad de todas estas acciones, pero la selección nos ha representado ante los ojos del mundo y les ha dicho quiénes y cómo somos los españoles.

Por si fuera poca la cátedra mostrada, el fútbol de España ha brillado una vez más por su belleza. Gloria a Xavi, el arquitecto. Salve a Xabi Aloso, príncipe de la lucha. Larga vida a Ramos, fuerza y tesón. Busquets y Capdevila, ejército en la sombra.

Mil textos habría que escribir sobre Villa. Aguila, rata, ratón y gato. Haga el mundo entero reverencias a nuestro delantero. Que esculpan su busto de Florencia a Nápoles y escriban sus anales en Roma, divino Villa, ávido en goles, la diosa Historia te abraza.

De nada hubieran servido los regalos del asturiano, gritados con furia por todos, si Iker, rayo de Zeus, no hubiera mostrado su genialidad. Ve las cosas antes de que ocurran y cuenta con el apoyo inmortal de la suerte. Gracias Casillas por habernos salvaguardado la esperanza y otorgado la bondad del alivio.

A todos os debemos la imagen sublime cuando levantasteis el ídolo de oro y malaquita. ¡Cuánto lo hemos añorado! ¡Cuánto por él sufrido! Gritamos con vosotros cuando lo elevasteis al cielo. Gloria Roja.

Puyol, que desayunas tibias. A ti te debemos la puntada alemana en semifinales. Épico cabezazo, ya nombre propio, El Cabezazo de Puyol. Inconmensurable partido el tuyo y el de tus compañeros. Doblegasteis a la Alemania que le metió cuatro goles a Argentina. Despertó en el encuentro definitivamente vuestro don futbolístico y asombrasteis de nuevo al Mundo. Celebrada fue la victoria con abrazos.

Volvemos a ti Iniesta. A la carrera guardas el balón en la caja fuerte de tus tobillos y lo regalas generoso ante la línea de gol. ¿De qué planeta eres Andrés?¿Dondé has forjado tu gracia? ¿a qué dioses veneras? Iniesta, balón de oro, héroe de nuestro mundo.

Todos ellos han puesto de su parte y no puedo olvidar a ninguno. Pedro, que corres en la cama, bienvenida ha sido al juego tu infinita agilidad. Navas, pajarillo loco, cúanta delicia verte surcar la banda y penetrar en el área, sin importante cíclopes o molinos.

Marchena, el Imbatido.

Albiol, Mata, Valdes, Reina, Martínez y Silva. Sinfonía de talentos.

Llorente, Apolo del gol. Reina, de corazón rojo.

Gracias a los campeones, no sólo por haber llenado los balcones de ilusión, sino por habernos infundado una causa común, un sueño colectivo. Por habernos acercado los unos a los otros, en conversaciones, en sonrisas, en miedos, en besos.

Iker, diste el que todos te demandamos. Supiste esperar al momento adecuado y guardarlo en el más absoluto de los secretos. No se podrá decir en el futuro, jamás, ¨al final no la besó¨.

Memorable pulpo Paul. Sabio del balón y glotón del mejillón. ¿Qué diremos de ti cuando recordemos la gesta de la selección a nuestros bisnietos? Yo les diré:¨y entonces abrió la caja de España en lugar de la de Alemania, y España pasó a la final, y después la ganó¨.

Del Bosque. ¡Cómo has sabido manejar al purasangre! No hay error tuyo en todo el campeonato. Inolvidable el cambio de Torres, ganador de la Eurocopa, por Llorente, que nos hizo llevarnos contra Portugal la victoria que nos pertenecía. Magistral fue tu estrategia con Pedro, sabiamente escondido hasta semifinales. Esparciste contra Alemania los polvos mágicos que te dio Aragonés, y el contrario cayó, desconcertado, por aquel diablillo que les metiste en el campo.

Me alegro por todos vosotros porque sabemos que habéis sufrido y que no os han regalado nada. Gesta de titanes.

Pero sobre todo gracias por haber ganado la final ante tan vil adversario que desprestigió el alma de una final y el nombre de todos sus antepasados. Pero la historia ha saldado su deuda y el equilibrio ha vuelto. Ganó el mejor



sexo
julio 9, 2010, 6:02 pm
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Venere e Marte. Sandro Botticelli. 1483

No hay mejor canción para el sexo que Weather Storm de Massive Attack. Su clima cálido es propicio para acariciar lentamente los muslos mientras se saborea la boca. Notar bajo las yemas de las manos la repentina contracción de la piel agradecida por el tacto.

En el sexo los momentos preliminares pueden ser tan placenteros como el orgasmo. Es el momento en el que las lenguas se juntan por primera vez y en el que la mano le susurra al pecho el primer piropo. Diez dedos sobre dos pechos pueden decir muchas cosas. Desde bellas alegorías a sus curvas a las insinuaciones más libidinosas. La caricia circular y pausada, devocional, tiene que ver más con el inicio del regodeo. Amasar y apretar las dos manos contra los senos es en ocasiones el último estadio antes de descubrir la ropa interior.

Desabrochar un botón mientras te acarician el cuello es semejante a escuchar un allegro bajo la sombra de un árbol. Aparecen los muslos blancos y radiantes, preciosos como la nata, una alfombra de seda divina sobre la que recorrer microscópicamente cada kilómetro.

Sobre esta suavidad infinita se encuentra el más maravilloso ser de la naturaleza. Ahora todavía adornado con tela preciosa y absorvente. Desde él nacen unidas la belleza y la inteligencia, apoteosis del ser.

Merece la pena detenerse en él, una vez amados los muslos, para examinar delicadamente su forma. Palparlo con los cuatro dedos de la mano, de nuevo adorando, hasta notar su humedad creciente. Al unísono acaricias el hombro ya desnudo y el nacimiento del pelo, la boca entreabierta, la lengua mojada…

Cuando los dos cuerpos se juntan libremente el primer beso siempre es diferente. Viene desde más adentro, más profundo, con un mensaje más gozoso. Es un beso con más sabor que se fusiona con el olor de la excitación, del sudor.

Acaba el preliminar en el instante en el que el miembro penetra en el paraíso. Es momento de mirar a los ojos, a las pupilas, a los rayos del iris. El placer de la primera penetración es excelso, divino.

En esta fase las manos pierden protagonismo, por lo que hay que despertarlas, decirles que acaricien un seno, una rodilla. Es el punto en el que entra más en juego el oído. Cuando la penetración, cuando estás follando vamos, se producen ruidos celestiales. A veces se oyen frases explícitas referidas al calor, al sueño, al placer… Otras monosílabos, bisílabas…

Pero el sonido más bello es sin lugar a dudas el del gemido. Alto o flojo, articulado o estridente, fino o contenido, todos los gemidos son bellos.



Reppública
julio 6, 2010, 12:10 am
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El caos en este país es tal que mientras a unos les da miedo decir que les gustan los toros a otros les da miedo decir que no. El estatuto de Cataluña es un ente indescifrable que pulula sin rumbo por entre las manos de gente que no existe. El mejor juez del país ya no puede ejercer de juez y José Luis Urrusolo Sistiaga, autor al menos, de cuatro asesinatos, dice que la lucha armada debería haber acabado hace tiempo.

El último en llegar al desorden es Ramón Luis Valcárcel, presidente de la Región de Murcia, gracias a su decisión de no acatar la Ley del Aborto, de lo que dice que no hay razones para ello. Ejecuta así Valcarcel, como bien explica Alsina, el primer acto de rebelión de manos de un gobernante. Lo que por un lado supone una nueva dimensión política, pero principalmente, un acto federal por todo lo alto.

De modo que aquellos que claman contra los estatutos al final desobedecen al Gobierno central. Y esto sólo lo explica que el Partido Popular hace lo que le sale de de su brazo en alto.

En el fondo todos estos desajustes, de la izquierda y la derecha, le hacen a uno preguntarse en que clase de país vive.



gays
julio 2, 2010, 11:01 am
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Doríforo, de Policleto. Siglo V ac.

Aprovechando que las banderas arco iris, quizá la más bonita de las banderas, ondean estos días por doquier en Madrid, voy hacer un alegato en defensa de los gays.

Sirva este breve texto, ojalá no tuviera que ser escrito, como ayuda para saldar la inmensa deuda histórica que la humanidad tiene con los homosexuales, transexuales, lesbianas y demás tendecias artisticosexuales.

Recordemos que desde la caída del imperio romano en 476 dc (quizá antes, desde Costantino, el primer emperador crsitiano) hasta la semana pasada, los gays han sido despreciados, rechazados, ejecutados, asesinados, torturados y demás cabronadas que podáis imaginar.

La homofobia ha campado a sus anchas durante 15 siglos. En el medievo los quemaban vivos en la hoguera y en el Renacimiento y el barroco los encarcelaban. Con la llegada de la Edad Contemporánea la situación no cambió, quizá no los metían en la cárcel, pero a ver quien era el valiente que le daba un beso a su pareja. Recordar que en las comisarias del franquismo los inflaban a hostias.

Es triste pensar que en una época tan sublime como el Renacimiento, donde se volvió la vista a los ideales grecoromanos (grandes maricas) los homosexuales tampoco fueron aceptados. El propio Leonardo da Vinci sufrió el escarnio público en Florencia por ser homosexual.

También es triste que el autor de la Capella Sistina, el divino Miguel Ángel, jamás puediese hacer público, al menos verbalmente, su homosexualidad.

Digo verbalmente porque basta con ver el jolgorio de hombres desnudos del Juicio Final y la capilla, todos ellos de abdominales marcadas, biceps inmensos, testículos vigorosos y pectorales marmóleos, para darse cuenta de que el mejor escultor de la historia era homosexual.

Todos conocéis muchos homosexuales ilustres.

No olvidéis que la homosexualidad sigue siendo un delito en muchos países. Si eres gay te meten en la cárcel.

No estoy hablando de países ocultos en desiertos o selvas, estoy hablando de Marruecos. Allí es ilegal ser homosexual, motivo suficiente para que el que os escribe no vaya a poner un pie en ese país en su puta vida.

No entiendo por qué tenemos buenas relaciones con Marruecos. Mejor sería apretarles las tuercas hasta que dejen de tratar a los gays como si fuesen apestados.

Y qué decir de la Iglesia. Allí donde más abundan (basta ver a dos curas juntos) es donde más se los desprecia. Para los católicos los homosexuales están enfermos. Creen que se pueden curar, no ya con medicina, sino rezando. Hay que joderse.

En fin, os animo a todos a que vayáis y revindiquéis el orgullo gay, se lo debemos.




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